jueves, 9 de junio de 2016

5 creencias erradas que los católicos debemos evitar

REDACCIÓN CENTRAL, 09 Jun. 16 (ACI).- La vida cotidiana presenta una serie de desafíos para los católicos que cuestionan aquello en que cree o que buscan minar o que ya han minado su fe. La siguiente lista apoyada en las Sagradas Escrituras y el Magisterio de la Iglesia, contiene 5 respuestas amplias a 5 creencias erradas que los fieles católicos debemos evitar.

1. El Sacramento de la Reconciliación es prescindible                           

El Sacramento de la Reconciliación no es prescindible, y menos aún, insignificante. Tampoco es una reliquia del pasado, sino que es una parte importante de la economía de salvación y el medio por el cual podemos recibir al mismo Cristo a través de la Eucaristía.

Si viviéramos de cualquier forma, sin importarnos cómo nuestro comportamiento afecta a los demás, significaría que el sacrificio de Cristo en la cruz no tiene ningún valor.

Si alguien pudiera recibir la Eucaristía en cualquier momento sin importarle su conducta, entonces la pasión de Cristo sería el más colosal desperdicio de tiempo en la historia del Universo.

Jesús murió porque nos amó y nos ama a pesar de nuestros pecados. En agradecimiento, lo que debemos hacer es confesarnos, hacer penitencia y enmendar nuestras vidas. Si uno recibe la Eucaristía en un estado indigno se condena a sí mismo. ¿Cómo sabemos esto? La Biblia nos lo dice en Mateo 7:6 y I Corintios 11.

2. La Iglesia apoya el capitalismo y excluye el comunismo

Ronald Knox, un conocido converso al catolicismo que posteriormente fue ordenado sacerdote, escribió una vez: "el pensamiento cristiano, si miras lo suficientemente profundo, siempre estará en el medio entre dos formas opuestas de error".

La Iglesia evita tanto el “capitalismo salvaje” como el “socialismo ciego” -igualmente errados y explotadores-. Como explica el teólogo católico Thomas Storck: "ambas ideologías son producto de la Ilustración europea y se contemplan como fuerzas anti-tradicionales”.

Algunos pensadores católicos han apoyado la idea del distributismo, una ideología económica sobre la base de la doctrina social católica, que fue descrita por el Papa León XIII en su encíclica Rerum novarum y por el Papa Pío XI en la Quadragesimo anno.

Los autores G.K. Chesterton y Hilaire Belloc fueron dos de los más importantes teóricos distributistas (apodados "Chesterbelloc” pues estaban de acuerdo el uno con el otro). Dorothy Day y Peter Maurin también escribieron extensamente sobre el tema.

Mientras que el socialismo enseña que los medios de producción deben ser controlados por el Estado, y el capitalismo, que deben permanecer en manos de un número limitado de individuos, el distributismo enseña que la propiedad de los medios de producción debe asignarse lo más ampliamente posible entre la población en general.

Esencialmente, el distributismo se distingue por la “distribución de la propiedad” (la tierra, herramientas, recursos, capital, servicios, etc.). Es decir, trata de asegurar que la mayoría de la gente sea propietaria de la propiedad productiva.

Como Chesterton explica en su obra Uses of Diversity: "Demasiado capitalismo no significa demasiados capitalistas, pero sí unos pocos de ellos”.  Esto significa que una sociedad debe evitar la creación de monopolios multinacionales si se espera tener una más sociedad justa y equitativa.

3. La adivinación, la ouija, las sesiones de espiritismo, la quiromancia, la lectura del aura, los horóscopos, etc., pueden servir para divertirse y no significan nada

Simplemente escapa lo más rápido que puedas de cualquier aspecto del ocultismo. En primer lugar, estas prácticas son una ofensa a Dios porque el futuro se encuentra solo en su poder.

Si Él quisiera que sepamos nuestro futuro, nos lo habría dicho personalmente. La adivinación destruye toda posibilidad de fe y de poner nuestra confianza en Dios.

En segundo lugar, la adivinación es muy imprecisa y se basa en caprichos, generalidades y equívocos. Los adivinos crean la ilusión de exactitud, pero la técnica es simplemente una combinación de verosimilitud estadística y técnicas como el efecto Forer, es decir, un auto-engaño con predicciones "místicos" o psíquicas vagas que no toman en cuenta el porcentaje real de predicciones erradas.

En realidad, los resultados de la adivinación pueden encajar en el mayor porcentaje de la población y por lo tanto no ofrecen un conocimiento real.

En tercer lugar, los que ofrecen estos “servicios” son charlatanes, y por tanto, ladrones y mentirosos. Ellos toman el dinero, la dignidad, y no se detendrán hasta controlarte. Si ellos realmente tuvieran dones dados por Dios, ¿por qué le cobrarían a la gente? Esto es una ofensa a Dios.

En cuarto lugar, este tipo de incursiones se oponen a la gracia de Dios. Estas son, de hecho, expuestas a nosotros para que el mal entre en nuestras vidas. Deben evitarse a toda costa.

4. Puedo amar a Dios y lo mundano al mismo tiempo

Es importante evitar los ‘falsos dioses’ en nuestra vida, entre estos la riqueza, placer, éxito, popularidad y poder personal. Como las Sagradas Escrituras señalan:

“Allí serviréis a dioses hechos por manos de hombre, de madera y piedra, que ni ven ni oyen, ni comen ni huelen. Desde allí buscarás a Yahveh tu Dios; y le encontrarás si le buscas con todo tu corazón y con toda tu alma” (Deuteronomio 4:28-29).

Aunque la mayor parte de la humanidad, en todas las épocas, diga creer en Dios, es mucho más importante entregarnos completamente a Él. Al entregar nuestra vida, el cristiano evita automáticamente lo mundano.

5. Puedo interpretar las Sagradas Escrituras como me plazca

Es un aspecto lamentable del protestantismo concentrarse en las palabras de San Pablo en sus epístolas y excluir las de Cristo. Para ser claros, las palabras de San Pablo no cobran sentido a menos que se interpreten en perfecta sintonía con las de Cristo, y no al revés. Si no fuera de este modo, Cristo habría alabado San Pablo por haber muerto por los pecados de la humanidad.

Existen numerosas sectas protestantes en el mundo que fueron creadas por personas que creían que tenían el derecho infalible de interpretar las Sagradas Escrituras. Todos ellos tuvieron un gran éxito en convencer a otros a unirse, y muchos de ellos, en unos pocos años, fueron destruidos por su orgullo o luchas internas.

El libro del Deuteronomio explica específicamente el signo de la verdadera profecía:

“Acaso preguntas: ‘¿Cómo vamos a saber que una palabra no viene de Yahvé?’. Si algún profeta habla en nombre de Yahvé y lo que dice no sucede, tú sabrás que esta palabra no viene de Yahvé. El profeta habrá hablado para jactarse y no le harás caso”.

En otras palabras, un error y estás fuera. Un solo error, incluyendo, por ejemplo, profetizar incorrectamente el fin del mundo significa que esa persona no es el portavoz de Dios.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.

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— ACI Prensa (@aciprensa) 2 de mayo de 2016

 

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