martes, 27 de diciembre de 2016

Benedicto XVI y Francisco. El Cardenal Müller habla sobre coexistencia de dos Papas

VATICANO, 27 Dic. 16 / 03:53 pm (ACI).- Desde la renuncia de Benedicto XVI y la elección del Papa Francisco como nuevo Pontífice, la Iglesia Católica se encuentra ante una situación inédita: la convivencia de dos Papas, uno Emérito y otro en el ejercicio de sus funciones pontificias.

Esta peculiar situación, lejos de resultar incómoda o conflictiva, se vive con absoluta naturalidad por parte de los fieles, y supone una gran riqueza para la vida de la Iglesia.

El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Ludwig Müller, reflexiona sobre el Papado a partir de esta realidad en su libro “Benedicto y Francisco. Sucesores de Pedro al servicio de la Iglesia”, publicado por la Editorial Ares. En este libro se ilustra, mediante cuatro ensayos, el Magisterios de dos Pontífices a partir de un punto común: la Cristología.

En ese sentido, la autoridad vaticana recordó que “el fundamento del primado de la Iglesia romana, cuyo líder es el Papa como sucesor de San Pedro, es la confesión de que Jesucristo es el Hijo de Dios”.

“Cuando Jesús –declaró a ACI Prensa– entrega el primado a Simón, Pedro ha dicho: ‘Tú eres el Hijo del Dios viviente’. Y la respuesta de Jesús fue la entrega de las llaves del reino de los cielos. Y esto es también el centro de la Iglesia, la divinidad de Jesucristo, la verdadera encarnación, la existencia de Jesús que une la naturaleza divina y la naturaleza humana: por ello es el único y universal Salvador del mundo”.

En ese sentido, afirmó, “la Iglesia con Pedro, que es el permanente fundamento de la unidad, tiene la misión de predicar la salvación en Jesucristo. Todos los Papas (como Benedicto y Francisco) están por tanto unidos en esta confesión fundamental de la fe en Jesucristo”.

Durante la entrevista, el Cardenal Müller también señaló que “corresponde a los Obispos y, sobre todo, al Papa, que tiene una misión específica por la unidad y salvaguarda de la fe, pero que también es el intérprete supremo de la ley moral natural, denunciar” las amenazas contra la sociedad de la pretensión de extender determinadas ideologías de corte totalitario, en concreto, ideologías como la de género.

“Gracias a Dios –continúa el Cardenal en la entrevista–, desde hace 150 años, el Papa tiene una gran autoridad moral, muy superior a la que tenía como cabeza de los Estados Pontificios”.

Sobre el desarrollo del ministerio petrino, el Prefecto explica que “claramente, para todos los Papas, Cristo es el centro”, y recuerda que “el Papa Francisco subraya siempre la importancia de la relación personal con Cristo y de la oración, por medio de Cristo, al Padre”.

“La Iglesia es el cuerpo de Cristo. Esto es lo que significa la expresión ‘carne de Cristo’. La Iglesia no es una colección de ideas devotas, sino una realidad concreta de la vida. El Papa habla con frecuencia de este misterio, y también habla con frecuencia del sacramento de la penitencia”.

“El perdón de los pecados –explicó– no es sólo una relación interior con Dios en la consciencia, sino que se realiza de forma concreta en la Iglesia. El Papa invita también a encontrar a Jesucristo en los pobres. Hemos sido salvados no sólo por la fe, sino también por las buenas obras que realizamos por nuestra fe”.

Así pues, insiste en que “Jesucristo no vino para hacer bonitos discursos: Dios se preocupa de sus criaturas en todas las dimensiones. El Papa Francisco fue muy claro, y a los que decían que únicamente debíamos dar cosas materiales a los pobres, sin construir iglesias, o sin ocuparnos de la liturgia o del catecismo, les contestaba que esa actitud sería un fraude para los pobres. Al igual que todos, tienen necesidad no solo de pan, sino también del reino de Dios, de escuchar el Evangelio y de participar de la presencia concreta de Jesucristo”.

“Sabemos que la vida no termina, que trasciende al tiempo de nuestra existencia a través de la vida futura. La Iglesia tiene una misión integral. La primera misión es la que figura en el Evangelio: ofrecer los sacramentos, facilitar el encuentro con Dios, el diálogo con Dios, la comunión con Dios. Pero esto no significa que no se pueda integrar con el compromiso por la dignidad humana”, concluye.

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