sábado, 3 de junio de 2017

De padre hinduista se bautizó católica a los 26 años por “culpa” de su abuela

MADRID, 03 Jun. 17 / 06:17 pm (ACI).- Yamuna, una joven española de padre hinduista, se bautizó católica a los 26 años por “culpa” de su abuela paterna, que le hizo un “gran regalo” durante su niñez.

En su testimonio, titulado “La siembra de una abuela” y publicado en el sitio web del Opus Dei, Yamuna explica que su padre “es de la religión hinduista”, y que “nació en un pueblo de Castilla La Mancha (España) en una familia católica”.

“Pero de joven conoció al que luego sería su guía espiritual y se hizo Hare Krishna”, señala.

Yamuna, por su parte, nació en un pueblo de Valencia (España). Su nombre, explica, es el del “mayor afluente del río Ganges y uno de los principales ríos del norte de la India”.

“Mi madre siempre ha sido católica aunque no ha tenido continuidad en la práctica de su fe pero valoro que siempre haya estado ahí para recordarme a Jesús”.

Durante su niñez, recordó, conoció el hinduismo, con el consentimiento de su madre. “De aquellos primeros años recuerdo los veranos en la comunidad de los Hare Krishna”, señala.

“De mi padre he aprendido muchas cosas como el valor de la oración; el vegetarianismo -que aún practico-; la perseverancia ante aquello que se cree y la poca importancia que puede tener lo material”, indica.

En su testimonio, Yamuna recuerda de forma especial a su abuela, “la madre de mi padre”, católica practicante que murió cuando la joven tenía 17 años.

“Cuando era pequeña, me hizo un gran regalo. Y hasta hoy no me he dado cuenta de lo mucho que le debo”, aseguró.

La joven recuerda que solía pasar los veranos con su abuela “y me hablaba de Jesús y de la Virgen María, me llevaba a la iglesia los domingos, me enseñaba a orar”.

“Siempre que estaba con ella me llevaba a visitar al Señor, supongo que me quería hacer consciente de que Jesús estaba en el sagrario. Era una mujer muy cariñosa, que vivía su fe profundamente y me la transmitía”, dice.

“Mi abuela no compartía la religión de mi padre, pero siempre que estábamos la familia en su casa por vacaciones, se unía a nuestras costumbres y dejaba de comer carne, y huevos para respetar las creencias de su hijo”, destaca.

Para Yamina, aunque entonces no se daba cuenta “aquellas conversaciones de nieta y abuela no fueron en vano”.

La inquietud y la atracción por la Iglesia, sembrada junto a su abuela, la acompañó durante muchos años. “Siempre que viajaba y veía alguna iglesia, sentía la necesidad de entrar. Ir a la iglesia y sentarme delante de Jesús me daba mucha paz. Yo iba y le contaba mis cosas. Sentía atracción por los sagrarios de las iglesias, era algo que no me dejaba indiferente”, añade.

Con el paso de los años pasó por una escuela adventista y casi abandona la fe de mano de un enamorado agnóstico, durante sus años de universidad.

Fue durante su máster para ser profesora de Secundaria que conoció al Opus Dei, a través de un compañero de estudios.

“Nunca había conocido un estilo de vida tan auténtico: veía gente que practicaba su fe y que hablaba de ella con normalidad, veía que la gente estaba feliz y me decidí. Estas cosas no se pueden explicar la verdad… cada uno tiene su proceso”, asegura.

Fue el 13 de julio de 2016 cuando Yamuna recibió los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo, Primera Comunión y Confirmación, en la Iglesia de San Juan del Hospital, de Valencia.

“Ese día me acordé mucho de mi abuela, pensé que estaría contenta de que al final se cumpliera lo que ella quería y que fuera también lo que yo quería”, señala.

Sus padres la apoyaron, señala, y le regalaron el viaje a la Jornada Mundial de la Juventud 2016 en Cracovia, Polonia.

Tras entrar a la Iglesia, expresa, “aunque soy la misma hay algunas cosas que han cambiado en mi vida”, pues “la fe le ha dado solidez a mi vida. Antes todo lo que yo hacía, mí día a día, era muy superficial, pero ahora puedo darle un sentido nuevo a todo”.

Relacionando su nombre con el río de la India que lo inspiró la joven señala que su vida “es como el Yamuna, que a su paso crea una llanura de aluvión en esa franja que queda entre ese río y el Ganges regando tantos terrenos de cultivo y dando de beber a millones de personas”.

“Así de fértil espero que sea mi vida”, asegura.

“Si tuviera que resumir en una palabra la fe, sería felicidad porque realmente me ha cambiado la vida y me ha hecho más feliz. Todo se lo debo a Dios y a mi abuela, que abrió aquel manantial de fe en mi alma. La culpa es tuya, abuela. ¡Gracias!”, concluye.

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