lunes, 24 de julio de 2017

Cardenal da a nuevos sacerdotes consejos para que sean “hombres de Dios”

CARACAS, 24 Jul. 17 / 06:34 pm (ACI).- "La gente espera, con sobrado derecho y razón, que el sacerdote sea ‘un hombre de Dios”, afirmó el Arzobispo de Caracas (Venezuela), Cardenal Jorge Urosa Savino, durante la ceremonia de ordenación de 7 nuevos presbíteros a quienes recordó que por su cercanía a Cristo, por su consagración, están “llamados especialmente a ser santos”.

“Sin duda, mis queridos hermanos el ideal de la vida sacerdotal es alto, excelso y exigente. Es bellísimo, y nosotros hemos de dar gracias a Dios por esta vocación tan hermosa”, expresó el Purpurado en la iglesia de La Chiquinquirá el pasado 22 de julio al ordenar a los nuevos presbíteros Gabriel Crespo, Humberto Figueroa, Luis García, Alejandro Keri, Mario Mardueño, Miguel Ángel Morales, y Jesús Sánchez.

Sin embargo, recordó que el ser humano es frágil, tiene sus limitaciones y debilidades. Por ello, dio a los nuevos sacerdotes una serie de consejos.

“El sacerdote –aconsejó– debe tener una piedad seria, sólida, consistente, basada en el amor a Dios y manifestada en la oración frecuente, permanente, en los ejercicios de piedad a lo largo de todo el día: la meditación, el Rosario, el rezo del Oficio divino, la visita al Santísimo, la Misa diaria celebrada con devoción e intensa fe, con seriedad y atención a lo que realizamos”.

“Ese es el camino de la santidad, que es también el camino de la felicidad”, afirmó el Cardenal Urosa, que insistió en la importancia de buscar la santidad.

“De la búsqueda de la santidad, de la observancia de los mandamientos, de la práctica de las virtudes y consejos evangélicos dependerá su felicidad, su realización personal, su éxito pastoral, su alegría en el ministerio, ahora y hasta el final de sus días. Y quiero recordar esto a mis hermanos sacerdotes aquí presentes”.

El Arzobispo aseguró que “el camino de Jesús, el vivir según el espíritu de santidad es la clave de nuestra alegría y de nuestra realización personal. Vayamos confiados por ese camino, que fue el camino de María y de todos los santos obispos y sacerdotes”.

“El sacerdote debe ser, pues, un dechado de santidad. Y lo primero que debe hacer es tener un corazón lleno de amor a Dios y al prójimo. En esta línea, la gente espera, con sobrado derecho y razón, que el sacerdote sea ‘un hombre de Dios’ y por ello, debe ser una persona amable, buena, generosa, educada, cortés, caritativo y servicial que acoja con bondad y afecto a todos, especialmente a los pobres y necesitados”, afirmó.

En ese sentido, alentó a los nuevos sacerdotes a no tener su tesoro “en las bóvedas de un banco, sino en el cielo, porque donde está nuestro tesoro allí estará nuestro corazón”.

La generosidad, el desinterés, el desprendimiento, la indiferencia ante las cosas materiales, nos asemejan a Jesús, y nos liberan de la esclavitud del dinero, de la tentación el becerro de oro. Nos liberan de la ambición y la codicia, para tener un corazón libre para servir a los pobres”.

“Nuestra Iglesia de Caracas está constituida mayormente por hermanos poco pudientes, por gente necesitada, por comunidades muy pobres, en nuestras barriadas populares, Y a ellos debemos atenderlos con cariño, con gran ardor apostólico, con generosidad, para llevarles el anuncio del Evangelio, como lo hizo el Señor, el Mesías, que evangelizó a los pobres”, señaló.

Durante su homilía, el Cardenal Urosa recordó que “en el camino de la santidad el sacerdote ha de ser también un hombre virtuoso y practicar la virtud cardinal de la templanza, específicamente en el campo de la castidad”.

“Estamos consagrados al Señor a imitación de Cristo en el celibato, es decir en la ofrenda de nuestro corazón, de nuestra afectividad a Dios, y en la observancia de la castidad perfecta. El celibato nos identifica con Jesús, y es parte de nuestra ofrenda sacrificial y sacerdotal. Y estamos llamados a vivirlo plenamente y para siempre”.

Finalmente, tras pedir por la pronta salida de Venezuela de la crisis, el Cardenal invitó también a rezar “intensamente por los ordenandos, para que vivan con entusiasmo y alegría durante todas sus vidas el propósito de ir por el camino de la santidad, de ser “perfectos como nuestro Padre celestial”, de ser mensajeros de Cristo, instrumentos de misericordia de Dios y modelos de santidad, de ser santos sacerdotes para nuestra Iglesia de Caracas”.

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